El Expreso de Hogwarts empezó a acelerar exactamente a las once de la mañana y un minuto después ya no se veía desde el mágico andén nueve tres cuartos, donde los padres y los hermanos menores que aún no tenían edad de ir al colegio se despedían desde las aceras, los balcones o corriendo detrás del tren. La lluvia golpeaba contra las ventanas y cualquier sonido afuera de los vagones individuales era inaudible, con la excepción de los perfectos de cada una de las casas, que en intervalos regulares de tiempo pasaban por el pasillo, al principio con más frecuencia, para un lado o hacia la otra, según conviniera.
Sin embargo los vagones parecían estar más llenos que en otros viajes, y no porque hubiera más gente sino porque ahora la compañía que quisiera ir con alguien debía recibir una meticulosa inspección visual antes de sentarse, últimamente la gente ya no esperaba llegar a Hogwarts para utilizar uno de los Sortilegios Weasley o una de sus imitaciones más baratas, y también más peligrosas.
Ahora Lily caminaba para un lado y al rato se le veía para el otro, pues nadie la quería en su vagón, tenia el sello Weasley impreso en la cara, pelirroja como era, y con una varita muy grande y robusta para ella, como de hombre, y de hecho lo era, parecía heredada, lo que fue sello Weasley durante generaciones. Tenerla en el vagón significaría tener que lidiar con Sortilegios de seguro, y aunque a todos les decía que no traía ninguno con ella, que también era cierto, a nadie parecía importarle ese detalle.
Había revisado todos los vagones, encontrando a sus hermanos en vagones que ya estaban ocupados a su máxima capacidad, exceptuando los del frente del convoy, reservados para los profesores, pues aunque estaba segura de que ahí encontraría un asiento al lado del Profesor Longbottom, que era un conocido de la familia, prefería resignarse a viajar el resto del trayecto en el pasillo que comenzar con tal paso, pues ella sospechaba que los estudiantes desconfiarían de cualquiera que estuviera tan cerca de algún profesor, y en eso no se equivocaba.
Lily estaba cayendo en desesperación, hasta que al cruzar una puerta que salía del carro comedor encontró a alguien en la misma situación, aunque no de la manera en que quería encontrarse con él. Ella estaba saliendo del carro comedor sin mirar por donde iba pues encontró todas las mesas ocupadas, las cuales eran su última esperanza de sentarse un rato como se debe, cuando choco con un niño de bruces, cayendo ambos hacia atrás.
“¡Lo lamento, no veía por donde andaba!” dijo Lily en modo de disculpa antes de ponerse de pie, pero la respuesta nunca llegó, a menos que se pueda contar como respuesta el resoplo con soberbia que emitió el otro niño mientras se levantaba.
“¡Tú!” exclamo Lily cuando vio con quien había chocado.
“¡Sí!, ¡Yo!” dijo el otro como respuesta en un tono de bastante desdén. “¿A quien esperabas?, ¡¿Al ministro de Magia?!” Añadió pero esta vez con un dejo de burla.
“¡¿Qué?!” Replico Lily, quien no entendió esta broma, con aire de insulto, tampoco “¿El Ministro en el Expreso de…? ¡Olvídalo!, pero ¿que no eras tu el niño en el andén?”
“Primero, no soy ningún“niño en el andén””. Mi nombre es Scorpius, Scorpius Malfoy“. Contesto de mal modo el niño, que tenía una barbilla bastante puntiaguda “Y si quieres saber realmente quien soy síguete atravesándoteme y verás”. Entonces el pequeño Malfoy se levanto y empezó a irse por donde venía.
Lily no sabia porque, pero había algo en ese niño que le decía que toda esa rudeza no era más que una pantalla, algo que ocultaba algo mejor que un estúpido creído y no lo iba a dejar ir sin saber que era. Había algo que la había conectado con él en el andén y estaba segura que él también lo había sentido. Aparte de todos estos sentimientos encontrados, ella sabía que era más probable encontrar asiento siendo dos que estando sola. Así que cuando el tomo la jaula de su lechuza, robusta, de color café obscuro y un poco negra en las puntas de las alas, ella se levanto y le tomó del brazo. Malfoy pareció petrificado por un segundo y enseguida regresó en sí, pero no pedante como estaba hacia un rato, sino con los ojos bañados en lágrimas.
A Lily no le dio tiempo de formular la pregunta que Scorpius ya sabía que levantaría, pues el respondió cuando ella aún tomaba aire:
“No es nada, es tan solo que me levante muy rápido” pero mientras hablaba sabia que ella no le creía, durante un segundo se encontraron sus miradas, las cuales se atravesaron el uno al otro y finalmente él soltó la jaula y le tomó la mano.
Duraron cerca de otra media hora en encontrar donde sentarse, en el último vagón del Expreso, pues el profesor que debía cuidar de la salida trasera del tren decidió despertar y dejo el compartimiento vacío, aunque lleno de envolturas de Meigas Fritas. Era un compartimiento mejor de lo que esperaron encontrar, lejos del ruido de la locomotora de los carros de el principio del convoy y también ausente del humo y vapor que descendía en medio del tren, ahí solo los alcanzaba el sonido del viento y la incesante lluvia, y lo mejor de todo era que el compartimiento donde se guardaban los carritos expendedores de golosinas estaba justo al frente.
Lily ya estaba sentada cuando Scorpius entro con una pequeña bolsa llena de Calderos de Calabaza y Ranas de Chocolate.
“No si gustas de las Grageas de todos los sabores, pero al menos yo no me arriesgo” dijo Scorpius una vez sentado, pero Lily solo le respondió con una sonrisa opaca. Scorpius suspiro sabia que es lo que ella esperaba, pero el no tenia la intención de decirle que le pasaba, el quería, pero sentía no poder. Intento atrasar el momento hasta que ya no hubiera tiempo suficiente y volteo la cabeza, buscando un foco visual entre la lluvia, mirando por la venta. Pero Lily atrapó su mirada en el reflejo. Scorpius se limpio los ojos de lágrimas que aún no nacían.
“Eso que paso frente al comedor, no es lo que parecía” replicó Scorpius intentando mantener su voz calma “Enserio solo estaba aturdido”.
“Scorpius…” empezó Lily luego de otro momento de silencio, había aprendido de Ginny como hacer a las personas decir cosas que querían ocultar, Ginny era realmente buena en eso.
“¡Yo no quería estar en Slytherin!” Murmuro Scorpius mientras su voz se quebraba. “Y llámame Malfoy.”
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